La Habana sin apagones: maniobra de GAESA para firmas
En una ciudad acostumbrada a la oscuridad intermitente, la reciente estabilidad del suministro eléctrico en La Habana ha sorprendido a muchos. Durante más de una semana, la capital cubana ha disfrutado de un inusual periodo sin apagones o con interrupciones eléctricas mínimas. Este fenómeno no es casualidad, sino una estrategia deliberada del Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), el conglomerado militar que controla gran parte de la economía cubana. El objetivo: predisponer favorablemente a la población durante la recogida de firmas, un proceso que busca legitimar las acciones del régimen castrista.
La estrategia detrás de la luz
GAESA, conocido por su influencia omnipresente en la economía cubana, ha optado por una táctica que combina control y manipulación. En un país donde los apagones son parte de la vida diaria, la repentina mejora en el suministro eléctrico en La Habana es vista como un intento de suavizar el descontento popular en un momento crucial. La recogida de firmas, aunque presentada como un ejercicio democrático, es en realidad una maniobra para consolidar el poder del régimen castrista bajo la apariencia de apoyo popular.
La decisión de asegurar el suministro eléctrico en la capital, mientras otras regiones continúan sufriendo apagones, subraya la prioridad del régimen de mantener el control en los centros urbanos más visibles y políticamente significativos. La Habana, como vitrina del país, se convierte en el escenario ideal para proyectar una imagen de estabilidad y eficiencia que contrasta con la realidad que enfrentan los cubanos en otras provincias.
El papel de GAESA en la economía cubana
GAESA no es un actor nuevo en el escenario cubano. Desde su creación, ha expandido su control sobre sectores clave de la economía, desde el turismo hasta la construcción, pasando por el comercio minorista. Este conglomerado, dirigido por militares, opera como un estado dentro del estado, con un poder que a menudo supera al de las instituciones civiles.
La influencia de GAESA en el sector energético no es menos significativa. Controla recursos y decisiones que afectan directamente el suministro eléctrico, lo que le permite manipular la disponibilidad de energía según las necesidades políticas del régimen. Esta capacidad de influir en la vida diaria de los cubanos es una herramienta poderosa para mantener el control social y político.
Apagones como herramienta de control
Los apagones en Cuba no son meramente el resultado de una infraestructura obsoleta o de la falta de combustible, aunque estos son factores reales. También son una herramienta de control social. La capacidad de encender y apagar la luz a voluntad permite al régimen castrista ejercer presión sobre la población, recordándoles su dependencia del estado para servicios básicos.
En este contexto, la ausencia de apagones en La Habana durante la recogida de firmas no es un gesto de buena voluntad, sino una táctica calculada. Al proporcionar un respiro temporal de la oscuridad, el régimen busca ganar tiempo y apoyo, o al menos reducir el descontento, mientras avanza en sus objetivos políticos.
La historia se repite
La manipulación del suministro eléctrico como herramienta política no es nueva en Cuba. A lo largo de las décadas, el régimen castrista ha utilizado servicios básicos como el agua, el gas y la electricidad para influir en el comportamiento de la población. Durante períodos de crisis o de cambios políticos, la disponibilidad de estos servicios ha sido ajustada para controlar el ánimo popular.
Este patrón de comportamiento refleja una estrategia más amplia del régimen: utilizar la escasez como medio de control. Al mantener a la población en un estado de necesidad constante, el régimen castrista asegura su dependencia y, por ende, su sumisión.
Mirando hacia el futuro
La reciente estabilidad eléctrica en La Habana plantea preguntas sobre el futuro del suministro energético en Cuba. Si bien la estrategia actual de GAESA puede ofrecer beneficios a corto plazo para el régimen, no aborda los problemas estructurales que enfrenta el sistema energético cubano. La infraestructura envejecida, la falta de inversión en mantenimiento y la dependencia de combustibles fósiles son desafíos que requieren soluciones a largo plazo.
Una transición hacia fuentes de energía renovable podría ofrecer una salida sostenible a la crisis energética cubana. Sin embargo, esto requeriría un cambio de enfoque por parte del régimen, que hasta ahora ha priorizado el control político sobre el desarrollo económico sostenible.
En conclusión, la ausencia de apagones en La Habana es un recordatorio del poder que el régimen castrista, a través de GAESA, ejerce sobre la vida diaria de los cubanos. Mientras el régimen continúe utilizando el suministro eléctrico como herramienta política, la verdadera estabilidad energética seguirá siendo un objetivo lejano para la mayoría de los cubanos.
Por El Ingeniero
