Feminicidios en aumento: dos nuevas víctimas en Granma y Pinar del Río según OGAT
En una pequeña comunidad de Granma, el silencio de la noche fue interrumpido por un grito desgarrador. Era el eco de un crimen que, lamentablemente, se ha vuelto demasiado común en Cuba: el feminicidio. Este mes, el Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT) verificó dos nuevos casos de feminicidio en las provincias de Granma y Pinar del Río, elevando a 46 el número de víctimas en lo que va de 2026. Las víctimas, Adis Glennis Rodríguez Mulet y Juana María Baños González, representan no solo estadísticas, sino vidas truncadas por la violencia de género.
Uno de los casos es especialmente alarmante. Juana María Baños González, quien tenía siete meses de embarazo, había denunciado agresiones previas y buscado protección. Su muerte resalta la vulnerabilidad extrema de las mujeres en Cuba, donde las estructuras de apoyo y protección son insuficientes o inexistentes. Este feminicidio es el segundo de una mujer embarazada documentado por OGAT en julio, lo que subraya una tendencia preocupante que requiere atención urgente.
El contexto político y social en Cuba no favorece la protección de las mujeres. Bajo el régimen castrista, la violencia de género ha sido un tema históricamente minimizado y, en muchos casos, ignorado. Las instituciones que deberían proteger a las mujeres carecen de recursos y voluntad política para enfrentar el problema de manera efectiva. La falta de estadísticas oficiales y la censura mediática dificultan aún más la visibilidad y el abordaje de estos crímenes.
El aumento de los feminicidios en Cuba es un reflejo de la crisis social más amplia que enfrenta el país. La represión política, la crisis económica y la falta de libertades individuales crean un ambiente donde la violencia se normaliza. Las mujeres, en particular, sufren las consecuencias de un sistema que no solo las margina, sino que también las silencia. La ausencia de un marco legal robusto que tipifique y castigue el feminicidio como un delito específico perpetúa la impunidad y el ciclo de violencia.
Históricamente, el régimen cubano ha utilizado la propaganda para proyectar una imagen de igualdad de género, destacando la participación de las mujeres en la fuerza laboral y en la educación. Sin embargo, estas cifras no reflejan la realidad de muchas mujeres que enfrentan violencia en sus hogares. La narrativa oficial ignora sistemáticamente los problemas de violencia de género, lo que impide la implementación de políticas efectivas para proteger a las víctimas.
La comunidad internacional ha comenzado a prestar atención a la situación de las mujeres en Cuba, pero la respuesta ha sido limitada. Organizaciones de derechos humanos han instado al régimen a tomar medidas concretas para abordar la violencia de género, pero hasta ahora, los cambios han sido superficiales. La falta de presión internacional significativa permite que el régimen continúe con su inacción.
En este contexto, el trabajo de organizaciones independientes como OGAT es crucial. Al documentar y verificar casos de feminicidio, estas organizaciones brindan visibilidad a un problema que el régimen prefiere ocultar. Sin embargo, su labor es peligrosa y a menudo enfrentan represalias por parte de las autoridades. La censura y el hostigamiento son tácticas comunes utilizadas para silenciar a quienes desafían la narrativa oficial.
El aumento de los feminicidios en Cuba es una llamada de atención urgente. La sociedad cubana debe reconocer la gravedad de la violencia de género y exigir cambios reales. Esto incluye la creación de leyes específicas contra el feminicidio, el fortalecimiento de las instituciones de protección y la promoción de una cultura de respeto e igualdad. Sin estos cambios, las mujeres seguirán siendo víctimas de un sistema que las desprotege y las ignora.
Mirando hacia el futuro, es esencial que tanto la comunidad internacional como la sociedad civil cubana continúen presionando al régimen para que aborde la violencia de género de manera efectiva. La vida de las mujeres cubanas depende de ello. La lucha por la igualdad y la justicia debe ser una prioridad, y no puede esperar más. Los nombres de Adis Glennis Rodríguez Mulet y Juana María Baños González deben ser recordados como un llamado a la acción, no como simples estadísticas en un informe anual.
— Redacción de Cubaverso
